El Instituto de Teología es
el culmen de la formación, un momento decisivo, es un momento
como los apóstoles ante la transfiguración del Señor.
El alumno se atreve a estudiar a Dios. El alumno quiere profundizar
en el Misterio; esto sólo se logra de rodillas. El hombre,
como Moisés, se ha de quitar las sandalias para acercarse
a Dios. La teología no puede quedarse en el estudio, sino
trascender en la oración y en la vida.
El objetivo del Instituto de Teología es: que los alumnos
se configuren a Cristo, Cabeza y Siervo, Pastor y Esposo de la
Iglesia, asumiendo sus criterios y actitudes y el estilo de vida
que los hará aptos para ejercer en la Iglesia el triple
ministerio, formando un único Presbiterio con su Obispo.
Llegar
a Teología ya no debiera ser tiempo de discernimiento ¡ya
van cinco o siete años! Es un momento para entregarse al
Señor por completo, estar en una mejora continua; sólo
se logran con un buen plan de vida.
Al terminar el segundo año, los alumnos de Monterrey deberán
interrumpir sus estudios para salir y vivir una experiencia de
servicio eclesial: conocer la realidad de nuestra Iglesia en alguna
parroquia, pastoral o seminario; una vez concluido el tercer año,
el seminarista puede solicitar ser admitido al orden del diaconado.
El diácono, al terminar los estudios, después de
haberlo meditado, puesto ante Dios y haber vivido su formación,
puede solicitar recibir la gracia de la ordenación presbiteral,
llegando así a ser Alter Christus.
Es a penas el inicio de una vida de entrega y sacrificio a imagen
del Cordero Inmolado. La formación no termina, sino que
inicia con la formación permanente.